viernes, 4 de junio de 2010

¿Tenemos o no tenemos playa?

“Madrid tendrá playa”. Vieja reivindicación con canción del verano incluida, que el alcalde, Alberto Ruiz Gallardón, quiso hacer suya cuando emprendió la remodelación del Manzanares. Que sí, que lo dijo, que tendríamos una playa grande como un campo de fútbol, exactamente a la altura del Matadero: hasta fotomontajes con figuritas a remojo pudimos ver cuando nos presentaron el proyecto Madrid Río, supuestamente el objetivo principal de la reforma de la M-30 –perdón, ahora se llama Calle 30, no me acostumbro- que nos tuvo un par de años con el tráfico enloquecido y nos dejó de legado los túneles urbanos más largos de Europa, por lo menos. Han pasado un par de añitos desde que terminaran estas obras para los coches y, mientras, nuestro modesto río ha estado como para bañarse: más bien parecía un escape tóxico de agüilla, rodeado de montañas de escombros y excavadoras. Y ahora que empieza a verse algo decente en la ribera del Manzanares, con agua suficiente para refrescarse de los calores estivales, los vecinos han tomado al pie de la letra la promesa del alcalde y se han lanzado en plancha a las nuevas fuentes que rodean el Puente de Segovia.
Craso error. Los munícipes dicen que no, que esas fuentes no son para bañarse, ni siquiera tienen agua clorada, de ahí su color verdosillo, como de río con solera. Como mucho sirven para remojarse los pies. Pero es que los madrileños llevamos siglos queriendo sacarle partido a nuestro raquítico Manzanares, de hecho ya lo hicieron nuestros padres –los míos me contaban que iban a bañarse a su ribera de pequeños- y antes nuestros abuelas, menos dadas a lucir cuerpo en público pero sí necesitadas del líquido elemento para mantener la ropa limpia.
Así que, mientras terminan de hacernos la playa, no queda más remedio que seguir yendo a una piscina si queremos remojarnos en Madrid. Las municipales, por cierto, están repletas, tres cuartos de hora de cola hice yo ayer para entrar.
Eso sí, me apuesto algo a que para el año que viene, año de elecciones municipales y autonómicas, les entrarán las prisas por terminar el megaproyecto de Gallardón, y podremos bañarnos en el río aquel. Previo pago, me temo.

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