viernes, 27 de febrero de 2009

El activador de niños

Ay, qué alivio. Telefónica ganó en 2008 un pastón, aunque menos que el año anterior. Esto me permite cambiar de compañía sin remordimientos por hundir uno de los pilares de nuestra maltrecha economía… Me voy con otro operador, que me sale más barato, aunque reconozco que lo hago cruzando los deditos no sea que me den gato por liebre y me frían a problemas. Aunque también me cabe la duda de que Telefónica no tenga un departamento dedicado únicamente a meterse en los foros de Internet, en plan usuario de Jazztel, Orange, Ya.com y demás competencia, poniéndolos a caer de un burro para alimentar el bulo de que, sin Telefónica, estás muerto.
Pero creo que Movistar tiene también algún tipo de servicio que no figura en sus contratos y que activa a los menores de 10 años, con el objetivo de mejorar su facturación. Me explico. Estás en casa, o en el parque, con tus hijos, menores normalmente de esa edad. Parece que están a su bola totalmente, no se acuerdan ni de que tienen madre en ese momento. Pero mira tú que, de repente, tu móvil comienza a sonar. Lo coges, comienzas tu conversación. Y a los tres segundos, no falla, se te activan los niños y aparecen a tu lado con algo urgentísimo que no puede esperar. Al principio, intentas continuar tu conversación: “Sí, sí, dime”, practicas la comunicación fática mientras tratas de alejarte del niño activado. No funciona. El canijo te persigue insistentemente. Te tira de la manga. “Perdona un momento, fulanita. ¡¡Qué te pasa, no ves que estoy hablando por teléfono!! Espera!!”, le dices al niño. El niño insiste. Eleva los decibelios a 65. “Mamá, ¿a que si Pokemon muta en bola de fuego Frígidus no puede hacerle nada?”. A ti te empieza a sobrevenir una empanada mental. No consigues oír a tu amiga, que te está contando algo de un puesto de trabajo ideal para ti. Intentas encerrarte en el baño o huyes por el parque, pero te acorralan. “Mamá, me hago pis, desabróchame el pantalón que no puedo”, colabora el hermano, también activado. Cuando ya casi han conseguido que se te caiga el móvil por la taza de váter, le dices a menganita que luego la llamas, que ahora no te enteras de nada. Cuelgas. Misteriosamente, los niños se desactivan inmediatamente y ya se apañan solitos.
Resultado: tienes que devolver tú la llamada, que se ha prolongado durante cinco minutos con una conversación de besugos, mientras el contador de Movistar no para de tarificar. Por establecimiento de llamada, 0,15 euros. 20 céntimos por segundo. Nueva llamada, más segundos (si consigues alejarte del radio de acción del invento igual te libras de otra urgencia infantil). Total: Telefónica se embolsa por lo menos 5 leuros más.
Estoy por destripar mi móvil a ver si encuentro algún tipo de chip que emita señales sólo aptas para el cerebro sin formar de las criaturas, algo así como los ultrasonidos que sólo captan los perros. Si lo consigo, me forro a demandas…

martes, 24 de febrero de 2009

Invasión de plumillas en Sevilla

Qué de parados debe haber en Sevilla. Hasta los estudiantes deben estar en paro. Porque si no, no me explico que cada vez que una cadena de televisión conecta con la ciudad en la que ha sido asesinada Marta del Castillo (y las conexiones en directo han ocupado estos días gran parte de la parrilla televisiva), se vean centenares de personas gritando enfurecidas a la puerta de la comisaría, el juzgado, el río o la casa de los presuntos asesinos. O eso, o la familia Castillo es supernumerosa y archiconocida en Sevilla, y todos se han volcado en apoyar a esos padres que, y desde aquí mi abrazo sin palabras, han perdido a su hija.
Por cierto, tampoco entiendo que todo el que viva un suceso como éste –sobre todo teniendo en cuenta que los hay bastante más atroces y significativos- deba ser recibido en audiencia por el presidente del Gobierno, y mucho menos que se empiecen campañas de recogidas de firmas para pedir cadena perpetua para un chaval de 19 años, huérfano y de vida difícil, que ha cometido un crimen probablemente en un momento de arrebato. Entonces, ¿qué pedimos para los terroristas, lapidación pública? Quienes apoyan a los padres en esta campaña –y ojo, que a los padres sí entiendo que cualquier castigo les parezca poco ante la pérdida- ¿han oído hablar alguna vez de la proporcionalidad del castigo, de que el sistema penal español pretende ser rehabilitador? ¿Dónde vamos a llegar?
Aunque se me ocurre otra explicación. A juzgar por la cantidad de información periodística generada por el suceso, el Giraldillo debe estar alucinado al ver la ciudad tomada literalmente por una legión de cámaras, alcachofas, redactores y plumillas, ávida de hacerse con las declaraciones más emotivas, las exclusivas más sensacionales y, a ser posible, con un poco de suerte, grabar un intento de linchamiento de los chavales detenidos por el asesinato de Marta. Así que probablemente la mitad de la población debe estar esperando su minuto de gloria en pantalla. De momento, ya hay quien está sacando tajada en euros yendo de plató en plató contando, de la mano de su mamá (es una menor), su noviazgo con el asesino confeso.
Y esto me lleva a pensar en cómo está la profesión periodística, que en lugar de ejercer de contrapoder y medio de difusión culturizador, se dedica a fomentar el todo vale en nombre de la audiencia. Los telediarios –salvo algunas raras excepciones- abren con sucesos como éste, mezclados con el típico vídeo chorra de ministro nipón borracho o señora histérica en un aeropuerto, que no deberían haber salido de Youtube, salteados con despellejamiento, según la cadena en un sentido u otro, del político de turno, o de los más horrorosos datos económicos que encuentran, para infundir confianza en el personal, debe ser. Y entre col y col, imágenes que ya te avisan que son “muy duras” de los cadáveres de una docena de africanos ahogados al volcar su patera.
Nada que ver con la estructura de un informativo que se enseña en la facultad –aquello tan viejo de Internacional, Nacional, Sociedad, Economía, Sucesos- y por supuesto, valorado con criterios que poco tienen que ver con lo que afecte/interese a la mayoría: se empieza por el señor que muerde al perro (el ministro beodo), y quedan en quinto lugar (o desaparecen del mapa) cuestiones útiles.
Aburrimiento, imágenes de agencia repetidas hasta la saciedad, sólo que aliñadas con textos más o menos chisposos según sea Cuatro, Telecinco o La Sexta. Corta-pega a saco. Manipulación por motivos políticos/económicos. Falta de análisis, de rigor. Te largan el teletipo de la banca lamentando que este año han ganado un 40% menos, pero ni se molestan en averiguar cuánto han seguido ganando. Casi mejor, que lo mismo pego fuego a Cajamadrí...
Normal. Con 5.000 periodistas en paro, las redacciones están en cuadro, atendidas por becarios que deberían estar allí para formarse, pero que cubren por un salario indigno el puesto de un redactor con experiencia, gracias a la excelente y profesional gestión de los empresarios de la prensa.
Y yo, en casa, escardando cebollinos.

Soy bloguera

Hala. Ya está. Soy bloguera. De momento, parece fácil. Ya veremos cómo me las apaño y qué monadas soy capaz de hacer, calculando que la revolución tecnológica me ha pillado con 40 (años) y soy autodidacta. El caso es que tenía que lanzarme por múltiples razones. Primero, que como periodista, llevo unos cuantos años ganándome el pan dándole a la tecla a diario, y en esta situación de paro en que me hallo -de momento, parece ir para largo-, tengo mono de escribir. Por no añadir que me debí quedar en la fase oral –bueno, evolucioné lo justito hasta lo escrito- y tengo que expresarme para no explotar. Sí, además soy chica, qué pasa...
Segundo, y relacionado con lo primero. Parece que hoy día, en el mundo del periodismo y la comunicación, o tienes un blog o una página web, o no eres nadie. Así que en lugar de calmar mis ansias de escribir haciendo comentarios a comentarios ajenos en toda web que se me pone a la vista y me motiva, pues doy el pie yo para que otros sean los que me contesten. Y de paso puedo alardear en mi currículo de estar al cabo de la calle.

Además, así me río. Que falta nos hace a todos en este país en el que vivimos a día de hoy. Sólo ve uno noticias catastróficas sobre la economía, peleas irreales entre políticos, sucesos truculentos explotados hasta sus últimas consecuencias. Hasta la naturaleza parece haberse puesto en contra de la humanidad, y se funden los casquetes polares, hace un sol del carallo en medio mundo mientras el otro medio queda sepultado por la nieve. Vamos, que estoy por leerme las profecías de Nostradamus no sea que el signo de los tiempos indique la llegada del Anticristo, como mínimo. Ante este panorama, tenemos dos opciones: hacernos de alguna secta y dedicarnos a rezar por la salvación de nuestra alma, o reírnos hasta de nuestra sombra como mecanismo de defensa. Que ya lo dijo Aristóteles, la risa no sólo es buena para la salud, sino que es una capacidad única del intelecto humano.
Pues eso. Nos leemos y nos echamos unas risas. A vuestra salud.