viernes, 18 de diciembre de 2009

Feliz año. Por si acaso.


El 5 de mayo escribía alborozada que había encontrado curro. Qué ingenuidad la mía, qué confianza en los brotes verdes... Curré un mes a destajo desde casa, sin tiempo ni para ducharme, para que al final me vacilaran y no me hicieran contrato. Claro, que calculando la orientación política de la cosa, que estaba pero que muy orientada, me temo que hubiera durado poco hasta con contrato y bendición papal...

Desde entonces no me ha pasado nada reseñable, salvo que ahora mi santo también está en paro. Lo mío es el trajín del ama de casa desempleada: limpieza doméstica, alimentación y cuidado de personas dependientes, repaso de Primaria... He tenido dos o tres conatos de encontrar trabajo: uno, pagado sorprendentemente con salario de adulto (por fin), se quedó en stand by, me dijeron los de la ETT. Otros, con salario de becaria principiante, tampoco se materializaron. Claro, que no me los hubiera podido permitir, porque si gano 800 pavos a jornada completa y tengo que pagar la mitad a una mucama que se quede con mis hijos, el resultado es que mi situación económica empeora... Ahora me ofrecen 600 eurillos por trabajar, supuestamente, por las mañanas, pero según nuestras indagaciones parece que los demás colaboradores de la cosa no cobran hace rato. No me deprimo porque no tengo ni ganas. Bendito país. Bendita profesión.

Lo único reseñable que me ha ocurrido últimamente es que hice un curso de Fotochop para desempleados, y me lo pasé chachi. Ahorita sé enredar con las fotos, quitar arrugas, encoger barrigas, hacer animaciones chorras y poguerpoints con los que dar la brasa a familia y amigos. Como éste, que no sé por qué no se mueve, pocieto. Pero me entretengo un rato... Lo que tengo más aparcado que el Audi de Touriño es un curso de Comunicación de Empresas al que me apunté: francamente, es un verdadero coñazo, poca cosa que no supiera, sólo que con nombres rimbombantes de esos que usan los empresarios y ejecutivos para vender motos y tejemanejes a propios y extraños. Dudo que me sirva para encontrar trabajo en el lado oscuro del periodismo, dado que debe haber cienes de miles de periodistas más experimentados que yo en ese campo, también vacantes.

Lo dicho, que no tengo ganas de ná. Me invade la acidia, como diría mi sobrino Topo. No tengo ni ideas para escribir, sólo se me ocurren marujeos o exabruptos cada vez que veo un telediario. Así que mejor me callo.

Feliz 2010. Por si acaso.

martes, 5 de mayo de 2009

Vuelvo al tajo

Casi cuatro millones de españoles en paro, y yo acabo de encontrar trabajo!! ¿Habrá terminado por fin mi mala racha? ¿Por fin los astros se han conjuntado en Virgo? ¿Se habrá apiadado Dios de mí? ¡Corro a echar una Primitiva!
Llevo casi diez meses en mi casita, ejerciendo de madre y ama de casa, y pese a mis 18 años de experiencia, mis contactos y la buena voluntad de familia y amigos, no había encontrado maldito empleo que llevarme a la boca. Y ahora justo, cuando había decidido dejar de angustiarme y esperar resignada a que amaine el temporal económico, casi me vienen a buscar a casa. Y encima para un trabajo de lo mío, de periodista, para currar desde casa en una web, y más adelante hacer la calle (lo siento, es lo que tiene mi profesión, que somos todos un poco putas) y volver a meterme en los tejemanejes políticos de Madrid, que es lo que más me gusta. Por algo me puse Magerit por nombre de guerra virtual. Volveré a rondar por los tejados, a ver mi ciudad a vuelapluma, a dejarle caer algún tiestazo a quien lo merezca…
Y además, en Internet. No hacía falta un sexto sentido para darse cuenta de que esto es el futuro, y sobre todo en comunicación. Menos mal que la crisis de los 40 me sobrevino tecnológica, y mal que bien, autodidacta una, empecé por comprarme un MP3, continué por el portátil con wifi y ahora casi se me ponen los vellos de punta cuando oigo el nombre de González Sinde, no sea que me mande a la Brigada de Delitos Informáticos por descargarme todo lo que rula por la red.
Me incorporo de inmediato, así que me temo que por una temporada, en lo que me pongo al día de mi nuevo curro, el blog se va a quedar abandonado. Es más, lo mismo se me quita el mono de escribir que os contaba en mi primer post, y no vuelvo a poner una letra si no es por obligación. Ya veremos.
Y pese a las malas noticias que copan los titulares de periódicos, telediarios y demás medios, me gustaría pensar que esto que me ha sucedido a mi no sea un golpe de suerte, y que de una vez este país se empiece a mover. ¡Ánimo, confianza y trabajo para todos!

jueves, 16 de abril de 2009

Te voy a dar pa libros


Está a punto de cerrarse el plazo para pedir las becas de libros del curso que viene, y mucho me temo que no me van a tocar, otra vez. Y esto me enciende el pelo, porque como siempre, los responsables de la Comunidad de Madrid ya se han encargado de ponerse todas las medallas posibles de lo buenos que son y lo mucho que ayudan a las familias.
Este año la Consejería de Educación tiene 30,8 millones de euros para libros -800.000 euros más que en 2008-, que calculando a una media de 100 euros por escolar (la ayuda oscila entre 60 y 110 euros), no llegan ni a 300.000 niños. Y sólo en la capital hay unos 400.000 escolares de Enseñanza Obligatoria, sin contar los de otros municipios de la región.
Si esto es suficiente, teniendo en cuenta que precisamente hay 400.000 adultos parados en Madrid, que venga Dios y lo vea. Calculando que los niños tienen que ir al cole sí o sí, y que el año pasado yo pagué 500 euros por los libros de mis dos hijos –ya podían venir forrados por ese precio-, es una ayuda imprescindible. No olvidar que también hay que comprar zapatos, ropa, mochila, cuadernos de pauta 3mm que no tienen en ningún sitio, lápices sólo de la marca Pepe 2B que son los que piden en el cole… Total, en septiembre los padres tenemos que pedir un crédito para la vuelta al cole. Ríete tú de la cuesta de enero.
Además, los muy ladinos de la Comunidad se han olvidado de otro pequeño detalle, esos 400.000 parados: para establecer los ingresos familiares y comprobar si tienes derecho a la beca dichosa, se basan en la declaración de la renta ¡de 2007! Dos años después, por ejemplo, yo estoy en paro, y mi marido, tras pasar también por el INEM, cobra exactamente la mitad que entonces. Y en las instrucciones de las becas no figura por ninguna parte cómo alegar que tus ingresos han variado sustanciosamente. Vamos, que la situación de crisis actual no existe a efectos becarios. Como no vayas y le hagas una alegación Lewinsky…
Otro detallito: mis hijos, que están en Primaria, se llevan sólo un curso de diferencia, lo que haría pensar que el pequeño puede heredar los libros del mayor. Error. ¿Cómo van a ser tan tontos los de editores? Son todos de pintar. ¿Te puedes imaginar el dolor inhumano que produce tener que comprar los mismos libros, igualitos sin variar una coma, porque no puedes borrar lo que han escrito en 12 tomos, página por página?
Esto debería estar prohibido por ley: dado que es obligatorio por mandato constitucional desasnarse y cargar la mochila repleta de libracos, lo menos que pueden hacer es que por una parte vaya el texto y por otra un cuadernillo para hacer los ejercicios. Así, al menos, algo ahorrarías si tienes hermanos o amigos de quien heredar.
En siete comunidades –Cataluña, Andalucía, Galicia, por ejemplo- se subvencionan todos los libros de texto y se establecen sistemas de préstamo. Pero en Madrid, no. Aquí somos todos ricos.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Olor a galletas

Estoy empleando mi tiempo de desempleada en recuperar mi infancia. No, no me hecho coletas, ni juego a las muñecas. Estoy escaneando diapositivas que hizo mi padre cuando éramos pequeños, y estoy disfrutando como eso, como una enana.
Qué cierto es que una imagen vale más que mil palabras. Además, tienen la capacidad de devolverte olores, sabores, sonidos, mil sensaciones. Veo una foto de cuando tenía tres o cuatro años, en el salón de la casa de Embajadores, y me viene a la boca regustillo a galletas María con mantequilla. Pero mantequilla de la de verdad, no la de ahora. Y huelo la ropa limpia, humeante, mientras mi madre planchaba y yo merendaba sentada a sus pies. Hasta siento el frío que traspasan las baldosas del suelo a mi trasero.
Qué vericuetos extraños tiene el cerebro, cómo es posible recuperar esas sensaciones, qué máquina más perfecta. Y encima, conectada con el corazón, o donde sea que residen las emociones, porque se te pone como un nudo en la garganta y una sensación de abismo en el estómago. Tenías toda la vida por delante y no te dabas cuenta. Y aquí estás ahora.
También es una forma de recuperar historias olvidadas, la primera tele que entró en casa, allá a mediados de los sesenta, deduzco de la estatura de mis hermanos mirándola arrobados, esa pantalla en blanco y negro, un aparato lleno de botones –mis hijos preguntaron para qué servían al verlos, hoy están en el mando a distancia, por supuesto­-. Todavía me acuerdo de cuando había carta de ajuste, y a eso de las doce se acababan las emisiones de la Primera y el VHF y sonaba el himno de España.
El Seiscientos de papá, que a juzgar por lo mucho que aparece en las fotos, siempre de fondo, debía ser el bien más preciado de la familia. No me hago una idea de cómo podíamos irnos todos los veranos hasta Cádiz, 700 kilómetros los cinco metidos en el coche, con todos los achiperres de la playa. Si ahora en cuanto tienes un hijo te compras un monovolúmen… Pero me viene a la cabeza una imagen: el pelotilla verde parado en el arcén de una recta interminable, con un sol de justicia, y yo vomitando. Supongo que íbamos a Jerez. Y cienes de domingos con la tortilla de patata y el filete empanado, lo huelo, como el pegajoso olor a jara.
Hay una foto que creo que recuerdo cuándo me hicieron, y eso que no debo tener más de tres años: estoy alucinando con una lagartija que sujeto por el rabo.
Qué gozosa, otra foto de una mañana de Reyes: tengo una cara de felicidad que es impagable, y además sale mi oso favorito, con el que dormí por lo menos hasta los 12 años, menudo disgusto me llevé el día que mi madre lo tiró a la basura. No lo recordaba yo tan naranja, debe ser que con los lavados durante años perdió color… También me acuerdo perfectamente de un cuento de Peter Pan, y de unas tacitas de plástico. Seguro que mis hijos ni se acuerdan ya de los cienes de juguetes que les echan los Reyes Magos, qué exceso de consumismo tenemos.
No sé si todo tiempo pasado fue mejor. Quizá es que lo vivíamos como niños, sin angustias ni preocupaciones, por eso los recuerdos huelen tan bien.

miércoles, 11 de marzo de 2009

La ITV y la lavadora

Ayer pasé la reválida de conductora. Yo solita, llevé mi cochecito a pasar la ITV. Iba con cierto miedo, lo reconozco, porque tratándose de mecánica, para qué voy a negar que estoy pez. Yo, de coches, sé lo justito: volante, caja de cambios, acelerador-freno-embrague, hago uso de los intermitentes y de los espejos (me pinto en los semáforos y los uso para ver si alguien me amenaza por detrás), y echo gasolina cuando la lucecita me lo indica. También lleno de agua a menudo el depósito de los limpiacristales -única cosa de debajo del capó que identifico-, que me pone negra llevarlos llenos de polvo. Algo entiendo también de la relación caballos de vapor/reprís del coche, bonito palabro aprendido de mi padre. He comprobado que como mi Atos tiene 50 caballos, no puedo adelantar en cuesta arriba ni a la fregoneta del melonero, y que si quiero superar los 90 kilómetros por hora en verano, no puedo poner el aire acondicionado. Desconozco la presión idónea de los neumáticos, sólo me preocupo cuando los veo con la consistencia de las ruedas de mi BH.
Así que pasar la ITV es para mí, que soy de letras puras, como presentarme a un examen de Teleco. Pero lo conseguí. Aunque no sin sobresalto. Primero, cuando vi el foso ese donde te miran los bajos (del coche, espero), no pude evitar acordarme del vídeo que os he colgado aquí. Semejante ridículo no podía ocurrirme a mi, así que me sudaban las manos enfilando el caminito dichoso. Lo peor vino a continuación: después de seguir escrupulosamente las instrucciones del maromo de la ITV, y darle meneos al volante cual Sor Citroen en una toma falsa (difícil con las manos sudadas), me dice el susodicho que me baje un momentito. “Ya está, no paso la inspección. Lo mismo esto es por haber puesto el freno de mano ¿o tenía que ponerlo?”. Pero no. El chico me enseñó un tornillo que sobresalía, incrustado en la rueda trasera. “Ten cuidado, cámbiala no sea que tengas un reventón”.
Agradecí sobremanera el consejo, y asentí convencida. Por mis adentros me preguntaba, ¿y dónde rayos tenía este coche la rueda de repuesto? Es más, ¿tiene de eso? A más, una vez descubierta la ruedita –mi Atos lleva neumáticos de triciclo, en eso sí me he fijado- ¿Qué piensa este chico que haga con ella? ¿El gato es un mito, o tengo uno? Si llamo a la Mutua, ¿se partirán de la risa si les digo que manden una grúa a 50 kilómetros de Madrid para cambiarme una rueda? Resultado: me volví a casa con más miedo que vergüenza, pegadita a la derecha desde Villalba, sin sobrepasar los 90 kilómetros y sin radio para escuchar el reventón amenazante. Ya haría lo preciso mi marido, que para algo se casó una.
Y ahora, queridos chicos, no os riáis. Sí, las chicas no tenemos ni puñetera idea de mecánica. Ni falta que hace. ¿A que vosotros no tenéis ni zorra de cómo funciona la lavadora? ¿Sabéis dónde se echa el detergente, el suavizante, el quitamanchas? ¿Os preguntáis alguna vez si no habría que separar la ropa blanca de esa camiseta rojo pasión antes de meterla en el tambor? ¿Alguno me puede decir a qué temperatura se lava el algodón? ¿Si la ropa delicada se centrifuga a 600 r.p.m. o a 1.200?
Pos eso.

lunes, 2 de marzo de 2009

Mi basura es mía


Mi basura es mía. Para eso la he pagado. Desde las mondas de patata hasta los vasitos de yogur. Y me niego a que nadie revuelva en ella, forma parte de mi ser más íntimo. A nadie le importa si dejo restos de jamón ibérico 5 Jotas o del barato del Día, si estoy con la regla, si anoche tuve orgía y gasté una caja de Durex o si mi hijo consume natillas por docenas. Y si la intención es, encima, cascarme una multa de hasta 750 euros por no depositar mis desperdicios en el cubo adecuado, además de un atentado contra mi intimidad es un robo a mano armada.
Ya me estoy imaginando el susto que te puedes llevar cuando, en la oscuridad de la noche bajes apresurado, en pantuflas y chándal, a tirar la basura, y te salga de detrás de los cubos un basurero-vigilante a exigirte que abras tus bolsas. Porque eso dice la nueva ordenanza de Medio Ambiente, obra de la vidriosa Ana Botella, que acaba de aprobar nuestro querido ayuntamiento. Si reciclas mal, multazo al canto. Y para que no pongas excusas de que algún indigente necesitado o amante del reciclado artístico–que yo conozco unos cuantos- se ha dedicado revolver lo que tú pacientemente has clasificado, también habrá multa para quien revuelva, sin permiso, en los cubos. A saber qué pasará con los gatos callejeros, suerte que tienen de ser insolventes.
Así que los basureros se van a dedicar a partir de ahora a vigilar si tiras una bolsa de orgánico en el cubo amarillo, o en la de los plásticos resuena cristalino un bote de vidrio. Ya me los imagino mientras husmean en las bolsas para poner cruces a diestro y siniestro: que aparece un tetrabrik de leche en el cubo naranja, crucecita roja. Que entre las latas de conservas se te ha escapado una sardina, crucecita roja. Que tu hijo ha colado una bola de papel al cubo de lo inorgánico, crucecita roja. Tres crucecitas igual a 750 pavos para las arcas municipales. Chachi.
Qué buena idea y qué lucrativa. Es digna del exconsejero Alberto López Viejo, en estos días escondido bajo las piedras por su tufillo a corrupto. Ya se le ocurrió en sus tiempos de concejal de Limpieza otra idea brillante y lucrativa para su bolsillo, la del Selur (Servicio de Limpieza Urgente, que lo sepas), ese batallón de barrenderos vestidos de fosforito, con camiones atómicos y material de limpieza de última generación que suele ir en pos de manifestaciones, cabalgatas y demás sucesos que ensucian mucho.
Pero aparte de su inequívoco afán recaudatorio, la norma va a generar tensiones vecinales, porque si el cubo investigado es de una comunidad, la multa se la cascan a todos. Me veo a la del quinto mirando de reojillo mi basura cuando coincida con ella en el ascensor, preguntando aviesamente si no habrá algo orgánico en esa bolsa amarilla…
Porque también me pregunto hasta qué punto hay que ser escrupuloso para no caer en la multa: si en la lata que tiras al contenedor amarillo se te han quedado unas migas de atún, ¿tenías que limpiarlas hasta sacarle brillo a la lata? Si descubro una bolsa de lechuga pocha en mi nevera, tengo que abrirla, vaciarla y repartir los restos convenientemente, o la puedo tirar tal cual?
Lo peor es que, encima, también se han sacado de la manga una tasa anual de basuras que pagaremos todos los madrileños, y que ronda los 60 euros, ingresos que no servirán para reforzar la plantilla de Limpieza, seguro, lo mismo que lo recaudado por multas. Con el agujero económico que tiene el Ayuntamiento de Madrid, más bien se trata de sanear las cuentas generales. Eso sí que son activos tóxicos.

viernes, 27 de febrero de 2009

El activador de niños

Ay, qué alivio. Telefónica ganó en 2008 un pastón, aunque menos que el año anterior. Esto me permite cambiar de compañía sin remordimientos por hundir uno de los pilares de nuestra maltrecha economía… Me voy con otro operador, que me sale más barato, aunque reconozco que lo hago cruzando los deditos no sea que me den gato por liebre y me frían a problemas. Aunque también me cabe la duda de que Telefónica no tenga un departamento dedicado únicamente a meterse en los foros de Internet, en plan usuario de Jazztel, Orange, Ya.com y demás competencia, poniéndolos a caer de un burro para alimentar el bulo de que, sin Telefónica, estás muerto.
Pero creo que Movistar tiene también algún tipo de servicio que no figura en sus contratos y que activa a los menores de 10 años, con el objetivo de mejorar su facturación. Me explico. Estás en casa, o en el parque, con tus hijos, menores normalmente de esa edad. Parece que están a su bola totalmente, no se acuerdan ni de que tienen madre en ese momento. Pero mira tú que, de repente, tu móvil comienza a sonar. Lo coges, comienzas tu conversación. Y a los tres segundos, no falla, se te activan los niños y aparecen a tu lado con algo urgentísimo que no puede esperar. Al principio, intentas continuar tu conversación: “Sí, sí, dime”, practicas la comunicación fática mientras tratas de alejarte del niño activado. No funciona. El canijo te persigue insistentemente. Te tira de la manga. “Perdona un momento, fulanita. ¡¡Qué te pasa, no ves que estoy hablando por teléfono!! Espera!!”, le dices al niño. El niño insiste. Eleva los decibelios a 65. “Mamá, ¿a que si Pokemon muta en bola de fuego Frígidus no puede hacerle nada?”. A ti te empieza a sobrevenir una empanada mental. No consigues oír a tu amiga, que te está contando algo de un puesto de trabajo ideal para ti. Intentas encerrarte en el baño o huyes por el parque, pero te acorralan. “Mamá, me hago pis, desabróchame el pantalón que no puedo”, colabora el hermano, también activado. Cuando ya casi han conseguido que se te caiga el móvil por la taza de váter, le dices a menganita que luego la llamas, que ahora no te enteras de nada. Cuelgas. Misteriosamente, los niños se desactivan inmediatamente y ya se apañan solitos.
Resultado: tienes que devolver tú la llamada, que se ha prolongado durante cinco minutos con una conversación de besugos, mientras el contador de Movistar no para de tarificar. Por establecimiento de llamada, 0,15 euros. 20 céntimos por segundo. Nueva llamada, más segundos (si consigues alejarte del radio de acción del invento igual te libras de otra urgencia infantil). Total: Telefónica se embolsa por lo menos 5 leuros más.
Estoy por destripar mi móvil a ver si encuentro algún tipo de chip que emita señales sólo aptas para el cerebro sin formar de las criaturas, algo así como los ultrasonidos que sólo captan los perros. Si lo consigo, me forro a demandas…

martes, 24 de febrero de 2009

Invasión de plumillas en Sevilla

Qué de parados debe haber en Sevilla. Hasta los estudiantes deben estar en paro. Porque si no, no me explico que cada vez que una cadena de televisión conecta con la ciudad en la que ha sido asesinada Marta del Castillo (y las conexiones en directo han ocupado estos días gran parte de la parrilla televisiva), se vean centenares de personas gritando enfurecidas a la puerta de la comisaría, el juzgado, el río o la casa de los presuntos asesinos. O eso, o la familia Castillo es supernumerosa y archiconocida en Sevilla, y todos se han volcado en apoyar a esos padres que, y desde aquí mi abrazo sin palabras, han perdido a su hija.
Por cierto, tampoco entiendo que todo el que viva un suceso como éste –sobre todo teniendo en cuenta que los hay bastante más atroces y significativos- deba ser recibido en audiencia por el presidente del Gobierno, y mucho menos que se empiecen campañas de recogidas de firmas para pedir cadena perpetua para un chaval de 19 años, huérfano y de vida difícil, que ha cometido un crimen probablemente en un momento de arrebato. Entonces, ¿qué pedimos para los terroristas, lapidación pública? Quienes apoyan a los padres en esta campaña –y ojo, que a los padres sí entiendo que cualquier castigo les parezca poco ante la pérdida- ¿han oído hablar alguna vez de la proporcionalidad del castigo, de que el sistema penal español pretende ser rehabilitador? ¿Dónde vamos a llegar?
Aunque se me ocurre otra explicación. A juzgar por la cantidad de información periodística generada por el suceso, el Giraldillo debe estar alucinado al ver la ciudad tomada literalmente por una legión de cámaras, alcachofas, redactores y plumillas, ávida de hacerse con las declaraciones más emotivas, las exclusivas más sensacionales y, a ser posible, con un poco de suerte, grabar un intento de linchamiento de los chavales detenidos por el asesinato de Marta. Así que probablemente la mitad de la población debe estar esperando su minuto de gloria en pantalla. De momento, ya hay quien está sacando tajada en euros yendo de plató en plató contando, de la mano de su mamá (es una menor), su noviazgo con el asesino confeso.
Y esto me lleva a pensar en cómo está la profesión periodística, que en lugar de ejercer de contrapoder y medio de difusión culturizador, se dedica a fomentar el todo vale en nombre de la audiencia. Los telediarios –salvo algunas raras excepciones- abren con sucesos como éste, mezclados con el típico vídeo chorra de ministro nipón borracho o señora histérica en un aeropuerto, que no deberían haber salido de Youtube, salteados con despellejamiento, según la cadena en un sentido u otro, del político de turno, o de los más horrorosos datos económicos que encuentran, para infundir confianza en el personal, debe ser. Y entre col y col, imágenes que ya te avisan que son “muy duras” de los cadáveres de una docena de africanos ahogados al volcar su patera.
Nada que ver con la estructura de un informativo que se enseña en la facultad –aquello tan viejo de Internacional, Nacional, Sociedad, Economía, Sucesos- y por supuesto, valorado con criterios que poco tienen que ver con lo que afecte/interese a la mayoría: se empieza por el señor que muerde al perro (el ministro beodo), y quedan en quinto lugar (o desaparecen del mapa) cuestiones útiles.
Aburrimiento, imágenes de agencia repetidas hasta la saciedad, sólo que aliñadas con textos más o menos chisposos según sea Cuatro, Telecinco o La Sexta. Corta-pega a saco. Manipulación por motivos políticos/económicos. Falta de análisis, de rigor. Te largan el teletipo de la banca lamentando que este año han ganado un 40% menos, pero ni se molestan en averiguar cuánto han seguido ganando. Casi mejor, que lo mismo pego fuego a Cajamadrí...
Normal. Con 5.000 periodistas en paro, las redacciones están en cuadro, atendidas por becarios que deberían estar allí para formarse, pero que cubren por un salario indigno el puesto de un redactor con experiencia, gracias a la excelente y profesional gestión de los empresarios de la prensa.
Y yo, en casa, escardando cebollinos.

Soy bloguera

Hala. Ya está. Soy bloguera. De momento, parece fácil. Ya veremos cómo me las apaño y qué monadas soy capaz de hacer, calculando que la revolución tecnológica me ha pillado con 40 (años) y soy autodidacta. El caso es que tenía que lanzarme por múltiples razones. Primero, que como periodista, llevo unos cuantos años ganándome el pan dándole a la tecla a diario, y en esta situación de paro en que me hallo -de momento, parece ir para largo-, tengo mono de escribir. Por no añadir que me debí quedar en la fase oral –bueno, evolucioné lo justito hasta lo escrito- y tengo que expresarme para no explotar. Sí, además soy chica, qué pasa...
Segundo, y relacionado con lo primero. Parece que hoy día, en el mundo del periodismo y la comunicación, o tienes un blog o una página web, o no eres nadie. Así que en lugar de calmar mis ansias de escribir haciendo comentarios a comentarios ajenos en toda web que se me pone a la vista y me motiva, pues doy el pie yo para que otros sean los que me contesten. Y de paso puedo alardear en mi currículo de estar al cabo de la calle.

Además, así me río. Que falta nos hace a todos en este país en el que vivimos a día de hoy. Sólo ve uno noticias catastróficas sobre la economía, peleas irreales entre políticos, sucesos truculentos explotados hasta sus últimas consecuencias. Hasta la naturaleza parece haberse puesto en contra de la humanidad, y se funden los casquetes polares, hace un sol del carallo en medio mundo mientras el otro medio queda sepultado por la nieve. Vamos, que estoy por leerme las profecías de Nostradamus no sea que el signo de los tiempos indique la llegada del Anticristo, como mínimo. Ante este panorama, tenemos dos opciones: hacernos de alguna secta y dedicarnos a rezar por la salvación de nuestra alma, o reírnos hasta de nuestra sombra como mecanismo de defensa. Que ya lo dijo Aristóteles, la risa no sólo es buena para la salud, sino que es una capacidad única del intelecto humano.
Pues eso. Nos leemos y nos echamos unas risas. A vuestra salud.