Me he prestado para una entrevista en vídeo para un periódico digital, y la verdad es que no sé si el resultado me produce frío o calor. Primero, me veo mayor. Debe ser que, como de mirada hacia dentro (sin espejos mediante), me siento más o menos joven, cuando me he visto así, desde fuera de mi mismidad, me noto más las ojeras, patas de gallo, el talle madurito... Hay que reconocer, de todas formas, que el cámara no se portó bien conmigo: no me avisó de que me iba a meter el zoom de forma tan asesina, si no, hubiera exigido maquilladora o un filtro tipo Marujita Diaz, como mínimo.Luego, mi discurso es un poco lastimoso. Pero claro, hay que tener en cuenta que mi situación es como para partirse de risa. Lo que pasa es que cada vez que lo pienso, procuro hacer un ejercicio de "no hay dolor, no hay dolor", y pasar a otra cosa, mariposa, porque si no, me pongo a llorar. Así que contado de esta forma, tan a tumba abierta, le he puesto los puntos sobre las íes y la cosa es lacrimógena total. Ya le advertí al compañero periodista, que yo no suelo ser así: soy una chica (bueno, vale, una señora) bastante risueña, aunque con mi puntito de acidez, que me dicen los amigos, por no llamarlo mala leche. Sobre todo cuando me tomo una copita, me brillan los ojitos, como a Joselito, el de la voz de oro, y enseño hasta las muelas del juicio, a mandíbula batiente.
Como una imagen vale más que mil palabras, no añado más. Bueno, sí, que me ha faltado dejar mi número de teléfono para que algún empleador compasivo, con instinto para descubrir comunicadores natos como yo, me deje presentar por lo menos una teletienda.

No hay comentarios:
Publicar un comentario