Estoy empleando mi tiempo de desempleada en recuperar mi infancia. No, no me hecho coletas, ni juego a las muñecas. Estoy escaneando diapositivas que hizo mi padre cuando éramos pequeños, y estoy disfrutando como eso, como una enana.Qué cierto es que una imagen vale más que mil palabras. Además, tienen la capacidad de devolverte olores, sabores, sonidos, mil sensaciones. Veo una foto de cuando tenía tres o cuatro años, en el salón de la casa de Embajadores, y me viene a la boca regustillo a galletas María con mantequilla. Pero mantequilla de la de verdad, no la de ahora. Y huelo la ropa limpia, humeante, mientras mi madre planchaba y yo merendaba sentada a sus pies. Hasta siento el frío que traspasan las baldosas del suelo a mi trasero.
Qué vericuetos extraños tiene el cerebro, cómo es posible recuperar esas sensaciones, qué máquina más perfecta. Y encima, conectada con el corazón, o donde sea que residen las emociones, porque se te pone como un nudo en la garganta y una sensación de abismo en el estómago. Tenías toda la vida por delante y no te dabas cuenta. Y aquí estás ahora.
También es una forma de recuperar historias olvidadas, la primera tele que entró en casa, allá a mediados de los sesenta, deduzco de la estatura de mis hermanos mirándola arrobados, esa pantalla en blanco y negro, un aparato lleno de botones –mis hijos preguntaron para qué servían al verlos, hoy están en el mando a distancia, por supuesto-. Todavía me acuerdo de cuando había carta de ajuste, y a eso de las doce se acababan las emisiones de la Primera y el VHF y sonaba el himno de España.
El Seiscientos de papá, que a juzgar por lo mucho que aparece en las fotos, siempre de fondo, debía ser el bien más preciado de la familia. No me hago una idea de cómo podíamos irnos todos los veranos hasta Cádiz, 700 kilómetros los cinco metidos en el coche, con todos los achiperres de la playa. Si ahora en cuanto tienes un hijo te compras un monovolúmen… Pero me viene a la cabeza una imagen: el pelotilla verde parado en el arcén de una recta interminable, con un sol de justicia, y yo vomitando. Supongo que íbamos a Jerez. Y cienes de domingos con la tortilla de patata y el filete empanado, lo huelo, como el pegajoso olor a jara. Hay una foto que creo que recuerdo cuándo me hicieron, y eso que no debo tener más de tres años: estoy alucinando con una lagartija que sujeto por el rabo.
Qué gozosa, otra foto de una mañana de Reyes: tengo una cara de felicidad que es impagable, y además sale mi oso favorito, con el que dormí por lo menos hasta los 12 años, menudo disgusto me llevé el día que mi madre lo tiró a la basura. No lo recordaba yo tan naranja, debe ser que con los lavados durante años perdió color… También me acuerdo perfectamente de un cuento de Peter Pan, y de unas tacitas de plástico. Seguro que mis hijos ni se acuerdan ya de los cienes de juguetes que les echan los Reyes Magos, qué exceso de consumismo tenemos.
No sé si todo tiempo pasado fue mejor. Quizá es que lo vivíamos como niños, sin angustias ni preocupaciones, por eso los recuerdos huelen tan bien.
Qué gozosa, otra foto de una mañana de Reyes: tengo una cara de felicidad que es impagable, y además sale mi oso favorito, con el que dormí por lo menos hasta los 12 años, menudo disgusto me llevé el día que mi madre lo tiró a la basura. No lo recordaba yo tan naranja, debe ser que con los lavados durante años perdió color… También me acuerdo perfectamente de un cuento de Peter Pan, y de unas tacitas de plástico. Seguro que mis hijos ni se acuerdan ya de los cienes de juguetes que les echan los Reyes Magos, qué exceso de consumismo tenemos.
No sé si todo tiempo pasado fue mejor. Quizá es que lo vivíamos como niños, sin angustias ni preocupaciones, por eso los recuerdos huelen tan bien.

2 comentarios:
la foto con la tele en blanco y negro bien podría servir para ilustrar un libro sobre la españa franquista. ¿De verdad éramos así? No nos hemos dado cuenta de lo mucho que hemos progresado y de la ilusión que te hacía tener un balón de fútbol 'reglamentario' o unos patines, porque lo de la bicicleta era ya todo un lujo.
La mente es asín, ves una foto de una tele y de repente te sorprendes a ti mismo acordándote de la leche que e diste en el columpio 1 año antes de cuando se hizo la foto.
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