
Mi basura es mía. Para eso la he pagado. Desde las mondas de patata hasta los vasitos de yogur. Y me niego a que nadie revuelva en ella, forma parte de mi ser más íntimo. A nadie le importa si dejo restos de jamón ibérico 5 Jotas o del barato del Día, si estoy con la regla, si anoche tuve orgía y gasté una caja de Durex o si mi hijo consume natillas por docenas. Y si la intención es, encima, cascarme una multa de hasta 750 euros por no depositar mis desperdicios en el cubo adecuado, además de un atentado contra mi intimidad es un robo a mano armada.
Ya me estoy imaginando el susto que te puedes llevar cuando, en la oscuridad de la noche bajes apresurado, en pantuflas y chándal, a tirar la basura, y te salga de detrás de los cubos un basurero-vigilante a exigirte que abras tus bolsas. Porque eso dice la nueva ordenanza de Medio Ambiente, obra de la vidriosa Ana Botella, que acaba de aprobar nuestro querido ayuntamiento. Si reciclas mal, multazo al canto. Y para que no pongas excusas de que algún indigente necesitado o amante del reciclado artístico–que yo conozco unos cuantos- se ha dedicado revolver lo que tú pacientemente has clasificado, también habrá multa para quien revuelva, sin permiso, en los cubos. A saber qué pasará con los gatos callejeros, suerte que tienen de ser insolventes.
Así que los basureros se van a dedicar a partir de ahora a vigilar si tiras una bolsa de orgánico en el cubo amarillo, o en la de los plásticos resuena cristalino un bote de vidrio. Ya me los imagino mientras husmean en las bolsas para poner cruces a diestro y siniestro: que aparece un tetrabrik de leche en el cubo naranja, crucecita roja. Que entre las latas de conservas se te ha escapado una sardina, crucecita roja. Que tu hijo ha colado una bola de papel al cubo de lo inorgánico, crucecita roja. Tres crucecitas igual a 750 pavos para las arcas municipales. Chachi.
Qué buena idea y qué lucrativa. Es digna del exconsejero Alberto López Viejo, en estos días escondido bajo las piedras por su tufillo a corrupto. Ya se le ocurrió en sus tiempos de concejal de Limpieza otra idea brillante y lucrativa para su bolsillo, la del Selur (Servicio de Limpieza Urgente, que lo sepas), ese batallón de barrenderos vestidos de fosforito, con camiones atómicos y material de limpieza de última generación que suele ir en pos de manifestaciones, cabalgatas y demás sucesos que ensucian mucho.
Pero aparte de su inequívoco afán recaudatorio, la norma va a generar tensiones vecinales, porque si el cubo investigado es de una comunidad, la multa se la cascan a todos. Me veo a la del quinto mirando de reojillo mi basura cuando coincida con ella en el ascensor, preguntando aviesamente si no habrá algo orgánico en esa bolsa amarilla…
Porque también me pregunto hasta qué punto hay que ser escrupuloso para no caer en la multa: si en la lata que tiras al contenedor amarillo se te han quedado unas migas de atún, ¿tenías que limpiarlas hasta sacarle brillo a la lata? Si descubro una bolsa de lechuga pocha en mi nevera, tengo que abrirla, vaciarla y repartir los restos convenientemente, o la puedo tirar tal cual?
Lo peor es que, encima, también se han sacado de la manga una tasa anual de basuras que pagaremos todos los madrileños, y que ronda los 60 euros, ingresos que no servirán para reforzar la plantilla de Limpieza, seguro, lo mismo que lo recaudado por multas. Con el agujero económico que tiene el Ayuntamiento de Madrid, más bien se trata de sanear las cuentas generales. Eso sí que son activos tóxicos.
Ya me estoy imaginando el susto que te puedes llevar cuando, en la oscuridad de la noche bajes apresurado, en pantuflas y chándal, a tirar la basura, y te salga de detrás de los cubos un basurero-vigilante a exigirte que abras tus bolsas. Porque eso dice la nueva ordenanza de Medio Ambiente, obra de la vidriosa Ana Botella, que acaba de aprobar nuestro querido ayuntamiento. Si reciclas mal, multazo al canto. Y para que no pongas excusas de que algún indigente necesitado o amante del reciclado artístico–que yo conozco unos cuantos- se ha dedicado revolver lo que tú pacientemente has clasificado, también habrá multa para quien revuelva, sin permiso, en los cubos. A saber qué pasará con los gatos callejeros, suerte que tienen de ser insolventes.
Así que los basureros se van a dedicar a partir de ahora a vigilar si tiras una bolsa de orgánico en el cubo amarillo, o en la de los plásticos resuena cristalino un bote de vidrio. Ya me los imagino mientras husmean en las bolsas para poner cruces a diestro y siniestro: que aparece un tetrabrik de leche en el cubo naranja, crucecita roja. Que entre las latas de conservas se te ha escapado una sardina, crucecita roja. Que tu hijo ha colado una bola de papel al cubo de lo inorgánico, crucecita roja. Tres crucecitas igual a 750 pavos para las arcas municipales. Chachi.
Qué buena idea y qué lucrativa. Es digna del exconsejero Alberto López Viejo, en estos días escondido bajo las piedras por su tufillo a corrupto. Ya se le ocurrió en sus tiempos de concejal de Limpieza otra idea brillante y lucrativa para su bolsillo, la del Selur (Servicio de Limpieza Urgente, que lo sepas), ese batallón de barrenderos vestidos de fosforito, con camiones atómicos y material de limpieza de última generación que suele ir en pos de manifestaciones, cabalgatas y demás sucesos que ensucian mucho.
Pero aparte de su inequívoco afán recaudatorio, la norma va a generar tensiones vecinales, porque si el cubo investigado es de una comunidad, la multa se la cascan a todos. Me veo a la del quinto mirando de reojillo mi basura cuando coincida con ella en el ascensor, preguntando aviesamente si no habrá algo orgánico en esa bolsa amarilla…
Porque también me pregunto hasta qué punto hay que ser escrupuloso para no caer en la multa: si en la lata que tiras al contenedor amarillo se te han quedado unas migas de atún, ¿tenías que limpiarlas hasta sacarle brillo a la lata? Si descubro una bolsa de lechuga pocha en mi nevera, tengo que abrirla, vaciarla y repartir los restos convenientemente, o la puedo tirar tal cual?
Lo peor es que, encima, también se han sacado de la manga una tasa anual de basuras que pagaremos todos los madrileños, y que ronda los 60 euros, ingresos que no servirán para reforzar la plantilla de Limpieza, seguro, lo mismo que lo recaudado por multas. Con el agujero económico que tiene el Ayuntamiento de Madrid, más bien se trata de sanear las cuentas generales. Eso sí que son activos tóxicos.

4 comentarios:
Todos somos unos basurillas, pero tienes razón. Al final siempre nos toca pagar a la clase media o es que van a ir a La Celsa o a Rosillas a ver si han mezclado la basura. ¡Venga coño! están de broma. Que arreglen primero los guetos que hay en Madrid y que nos dejen a los ciudadanos normales, que ya pagamos muchos impuestos -sobre todo municipales-, en paz.
Todos somos unos basurillas, pero tienes razón. Al final siempre nos toca pagar a la clase media o es que van a ir a La Celsa o a Rosillas a ver si han mezclado la basura. ¡Venga coño! están de broma. Que arreglen primero los guetos que hay en Madrid y que nos dejen a los ciudadanos normales, que ya pagamos muchos impuestos -sobre todo municipales-, en paz.
Eso, eso, que nos inunde la basura y nos coman las cucarachas....
VER SI ACTUAALIZAS!!! QUE TENGO MONO!
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