Ayer pasé la reválida de conductora. Yo solita, llevé mi cochecito a pasar la ITV. Iba con cierto miedo, lo reconozco, porque tratándose de mecánica, para qué voy a negar que estoy pez. Yo, de coches, sé lo justito: volante, caja de cambios, acelerador-freno-embrague, hago uso de los intermitentes y de los espejos (me pinto en los semáforos y los uso para ver si alguien me amenaza por detrás), y echo gasolina cuando la lucecita me lo indica. También lleno de agua a menudo el depósito de los limpiacristales -única cosa de debajo del capó que identifico-, que me pone negra llevarlos llenos de polvo. Algo entiendo también de la relación caballos de vapor/reprís del coche, bonito palabro aprendido de mi padre. He comprobado que como mi Atos tiene 50 caballos, no puedo adelantar en cuesta arriba ni a la fregoneta del melonero, y que si quiero superar los 90 kilómetros por hora en verano, no puedo poner el aire acondicionado. Desconozco la presión idónea de los neumáticos, sólo me preocupo cuando los veo con la consistencia de las ruedas de mi BH.
Así que pasar la ITV es para mí, que soy de letras puras, como presentarme a un examen de Teleco. Pero lo conseguí. Aunque no sin sobresalto. Primero, cuando vi el foso ese donde te miran los bajos (del coche, espero), no pude evitar acordarme del vídeo que os he colgado aquí. Semejante ridículo no podía ocurrirme a mi, así que me sudaban las manos enfilando el caminito dichoso. Lo peor vino a continuación: después de seguir escrupulosamente las instrucciones del maromo de la ITV, y darle meneos al volante cual Sor Citroen en una toma falsa (difícil con las manos sudadas), me dice el susodicho que me baje un momentito. “Ya está, no paso la inspección. Lo mismo esto es por haber puesto el freno de mano ¿o tenía que ponerlo?”. Pero no. El chico me enseñó un tornillo que sobresalía, incrustado en la rueda trasera. “Ten cuidado, cámbiala no sea que tengas un reventón”.
Agradecí sobremanera el consejo, y asentí convencida. Por mis adentros me preguntaba, ¿y dónde rayos tenía este coche la rueda de repuesto? Es más, ¿tiene de eso? A más, una vez descubierta la ruedita –mi Atos lleva neumáticos de triciclo, en eso sí me he fijado- ¿Qué piensa este chico que haga con ella? ¿El gato es un mito, o tengo uno? Si llamo a la Mutua, ¿se partirán de la risa si les digo que manden una grúa a 50 kilómetros de Madrid para cambiarme una rueda? Resultado: me volví a casa con más miedo que vergüenza, pegadita a la derecha desde Villalba, sin sobrepasar los 90 kilómetros y sin radio para escuchar el reventón amenazante. Ya haría lo preciso mi marido, que para algo se casó una.
Y ahora, queridos chicos, no os riáis. Sí, las chicas no tenemos ni puñetera idea de mecánica. Ni falta que hace. ¿A que vosotros no tenéis ni zorra de cómo funciona la lavadora? ¿Sabéis dónde se echa el detergente, el suavizante, el quitamanchas? ¿Os preguntáis alguna vez si no habría que separar la ropa blanca de esa camiseta rojo pasión antes de meterla en el tambor? ¿Alguno me puede decir a qué temperatura se lava el algodón? ¿Si la ropa delicada se centrifuga a 600 r.p.m. o a 1.200?
Pos eso.
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4 comentarios:
Yo sí se donde se programa la vadora y qué detergente echar, y además cocino que te cagas y hago muchas otras cosas... que no todos somos unos tíos brutos y anclados en el más allá.
Por cierto me ha gustado mucho cómo cuebntas lo de la ITV. Creo que a todos nos ha pasado lo mismo la primera vez.
Sigue así, que me gusrta como cuentas las cosas guapa.
Los de la ITV es una experiencia cuasi orgásmica la primera vez. Me explico, cuando terminas de pasar todas esas serie de pruebas chorras, con la bancada incluida, que no sirven nada más que para justificar el dinero que te van a clavar, y te dicen que esperes el resultado hay una tensión, un nerviosismo, una duda sobre si lo estarás haciendo bien o no, en definitiva que cuando te sueltan tu nombre y te dicen que todo está correcto (siempre con deficiencias leves) dejan escapar toda esa energía acumulada. Y lo de la vadora es peor. Es una experiencia mística.
Por cierto, la cosa no acaba ahí. Mi marido me dijo que buscara un taller donde arreglen pinchazos, y cuando le dije al mecánico que creía que sólo se había pinchado la cubierta, pero la cámara no, me miró con cara de cachondeíto y contestó: "Las ruedas de coche no tienen cámara, señora, que no es una bici". Claro, que mi sposo tampoco lo tenía mu claro...
Si te sirve de algo yo se lo mismo de mecánica que de lavadoras:casi nada.
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