Qué de parados debe haber en Sevilla. Hasta los estudiantes deben estar en paro. Porque si no, no me explico que cada vez que una cadena de televisión conecta con la ciudad en la que ha sido asesinada Marta del Castillo (y las conexiones en directo han ocupado estos días gran parte de la parrilla televisiva), se vean centenares de personas gritando enfurecidas a la puerta de la comisaría, el juzgado, el río o la casa de los presuntos asesinos. O eso, o la familia Castillo es supernumerosa y archiconocida en Sevilla, y todos se han volcado en apoyar a esos padres que, y desde aquí mi abrazo sin palabras, han perdido a su hija.
Por cierto, tampoco entiendo que todo el que viva un suceso como éste –sobre todo teniendo en cuenta que los hay bastante más atroces y significativos- deba ser recibido en audiencia por el presidente del Gobierno, y mucho menos que se empiecen campañas de recogidas de firmas para pedir cadena perpetua para un chaval de 19 años, huérfano y de vida difícil, que ha cometido un crimen probablemente en un momento de arrebato. Entonces, ¿qué pedimos para los terroristas, lapidación pública? Quienes apoyan a los padres en esta campaña –y ojo, que a los padres sí entiendo que cualquier castigo les parezca poco ante la pérdida- ¿han oído hablar alguna vez de la proporcionalidad del castigo, de que el sistema penal español pretende ser rehabilitador? ¿Dónde vamos a llegar?
Aunque se me ocurre otra explicación. A juzgar por la cantidad de información periodística generada por el suceso, el Giraldillo debe estar alucinado al ver la ciudad tomada literalmente por una legión de cámaras, alcachofas, redactores y plumillas, ávida de hacerse con las declaraciones más emotivas, las exclusivas más sensacionales y, a ser posible, con un poco de suerte, grabar un intento de linchamiento de los chavales detenidos por el asesinato de Marta. Así que probablemente la mitad de la población debe estar esperando su minuto de gloria en pantalla. De momento, ya hay quien está sacando tajada en euros yendo de plató en plató contando, de la mano de su mamá (es una menor), su noviazgo con el asesino confeso.
Y esto me lleva a pensar en cómo está la profesión periodística, que en lugar de ejercer de contrapoder y medio de difusión culturizador, se dedica a fomentar el todo vale en nombre de la audiencia. Los telediarios –salvo algunas raras excepciones- abren con sucesos como éste, mezclados con el típico vídeo chorra de ministro nipón borracho o señora histérica en un aeropuerto, que no deberían haber salido de Youtube, salteados con despellejamiento, según la cadena en un sentido u otro, del político de turno, o de los más horrorosos datos económicos que encuentran, para infundir confianza en el personal, debe ser. Y entre col y col, imágenes que ya te avisan que son “muy duras” de los cadáveres de una docena de africanos ahogados al volcar su patera.
Nada que ver con la estructura de un informativo que se enseña en la facultad –aquello tan viejo de Internacional, Nacional, Sociedad, Economía, Sucesos- y por supuesto, valorado con criterios que poco tienen que ver con lo que afecte/interese a la mayoría: se empieza por el señor que muerde al perro (el ministro beodo), y quedan en quinto lugar (o desaparecen del mapa) cuestiones útiles.
Aburrimiento, imágenes de agencia repetidas hasta la saciedad, sólo que aliñadas con textos más o menos chisposos según sea Cuatro, Telecinco o La Sexta. Corta-pega a saco. Manipulación por motivos políticos/económicos. Falta de análisis, de rigor. Te largan el teletipo de la banca lamentando que este año han ganado un 40% menos, pero ni se molestan en averiguar cuánto han seguido ganando. Casi mejor, que lo mismo pego fuego a Cajamadrí...
Normal. Con 5.000 periodistas en paro, las redacciones están en cuadro, atendidas por becarios que deberían estar allí para formarse, pero que cubren por un salario indigno el puesto de un redactor con experiencia, gracias a la excelente y profesional gestión de los empresarios de la prensa.
Y yo, en casa, escardando cebollinos.
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2 comentarios:
Es cierto. Estoy hasta las narices de la España profunda. De que se menosprecie el trabajo de los profesionales periodísticos en este tipos de casos que no deberían pasar de ser una mera nota informativa. Sigue así; hay que conseguir elevar el nivel medio del español, ya que me niego a creer que todos somos como los que salen en los telediarios.
Genial, una muy buena iniciativa.
Besos.
Pepa
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