Ay, qué alivio. Telefónica ganó en 2008 un pastón, aunque menos que el año anterior. Esto me permite cambiar de compañía sin remordimientos por hundir uno de los pilares de nuestra maltrecha economía… Me voy con otro operador, que me sale más barato, aunque reconozco que lo hago cruzando los deditos no sea que me den gato por liebre y me frían a problemas. Aunque también me cabe la duda de que Telefónica no tenga un departamento dedicado únicamente a meterse en los foros de Internet, en plan usuario de Jazztel, Orange, Ya.com y demás competencia, poniéndolos a caer de un burro para alimentar el bulo de que, sin Telefónica, estás muerto.
Pero creo que Movistar tiene también algún tipo de servicio que no figura en sus contratos y que activa a los menores de 10 años, con el objetivo de mejorar su facturación. Me explico. Estás en casa, o en el parque, con tus hijos, menores normalmente de esa edad. Parece que están a su bola totalmente, no se acuerdan ni de que tienen madre en ese momento. Pero mira tú que, de repente, tu móvil comienza a sonar. Lo coges, comienzas tu conversación. Y a los tres segundos, no falla, se te activan los niños y aparecen a tu lado con algo urgentísimo que no puede esperar. Al principio, intentas continuar tu conversación: “Sí, sí, dime”, practicas la comunicación fática mientras tratas de alejarte del niño activado. No funciona. El canijo te persigue insistentemente. Te tira de la manga. “Perdona un momento, fulanita. ¡¡Qué te pasa, no ves que estoy hablando por teléfono!! Espera!!”, le dices al niño. El niño insiste. Eleva los decibelios a 65. “Mamá, ¿a que si Pokemon muta en bola de fuego Frígidus no puede hacerle nada?”. A ti te empieza a sobrevenir una empanada mental. No consigues oír a tu amiga, que te está contando algo de un puesto de trabajo ideal para ti. Intentas encerrarte en el baño o huyes por el parque, pero te acorralan. “Mamá, me hago pis, desabróchame el pantalón que no puedo”, colabora el hermano, también activado. Cuando ya casi han conseguido que se te caiga el móvil por la taza de váter, le dices a menganita que luego la llamas, que ahora no te enteras de nada. Cuelgas. Misteriosamente, los niños se desactivan inmediatamente y ya se apañan solitos.
Resultado: tienes que devolver tú la llamada, que se ha prolongado durante cinco minutos con una conversación de besugos, mientras el contador de Movistar no para de tarificar. Por establecimiento de llamada, 0,15 euros. 20 céntimos por segundo. Nueva llamada, más segundos (si consigues alejarte del radio de acción del invento igual te libras de otra urgencia infantil). Total: Telefónica se embolsa por lo menos 5 leuros más.
Estoy por destripar mi móvil a ver si encuentro algún tipo de chip que emita señales sólo aptas para el cerebro sin formar de las criaturas, algo así como los ultrasonidos que sólo captan los perros. Si lo consigo, me forro a demandas…
viernes, 27 de febrero de 2009
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1 comentario:
Pos como cuando llevas todo el dia pegado al móvil y no te llama ni perry, te vas a la ducha y tienes 3 llamadas perdidas...Yo creo que nos vigilan por satélite
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